jueves, 6 de marzo de 2008

Benjamín Díaz Y El Misterio De Los Enanos (capítulo 5)

El Balcón Espia

-¿En que piensas?- le preguntó Cindy.

- En que estos legajos son de color negro, y los demás eran de color verde. ¿Por qué será?

-No lo sé, quizás porqué son los únicos que se han ido de la escuela, puede ser que los coloquen en carpetas de otro color para identificarlos fácilmente.

-Error, Serafín sigue en el colegio, y el legajo de él también esta de negro.

-¡Ah!, es verdad; pero bueno, no nos vamos a detener en ese pormenor; vallamos a lo que nos interesa.

-Empecemos con esta- Benjamín agarra una de las tres carpetas-, es la de Nando. Veamos- el chico empieza a bajar la mirada por la primer hoja- ¡increíble! Tenía quince amonestaciones por insultar a la profesora Suárez.

-¿A quien?

-Nada, nada- siguió buscando. Luego de recorrer tres páginas de datos y números lo encontró- ¡aquí esta! ¡Mira! – y le mostró a Cindy:

El alumno Nando Salef se ha desvinculado con la institución el día jueves 13 de julio del presente año (1957), por motivos laborales del padre. El alumno ha sido transferido al colegio Normal nro 3 de Concepción del Uruguay, lugar en donde reside la familia Salef.

-¡¿A Concepción del Uruguay?!- exclamó a gritos Benjamín- ¿Cómo puede ser?

-Fíjate si tiene algún teléfono al cual podamos llamarle.

- ¡Si! ¡Y tengo hasta la dirección de la casa!

- ¡Anótalo! Luego de ver los demás, lo llamaremos y…

-Tranquila- y le acarició la mejilla- estoy demasiado nervioso para que tú también lo estés. Veamos otro- el chico apartó el legajo de Nando y tomó otro- es el de Joaquín- fue directamente a la 3ra página…

-¿Qué es un legajo, Señor Tadeo?- interrumpió Herald.

- ¡Ay chico! Pensé que lo sabías, como no has preguntado nada desde hace media hora, pensé que estabas pensando en otra historia o, mejor aún, que entendías todo lo que te contaba- dijo Tadeo. A mi abuelo se lo veía tranquilo y relajado, sin duda, estaba disfrutando mucho de la historia- un legajo es una carpeta en donde guardan todos tus datos personales, y principalmente, en donde se encuentra todo tu historial académico.-explicó el abuelo.

-¿Historial académico?-preguntó Simón.

-Así es, en esa carpeta dice todas las notas que te has sacado a lo largo de toda la primaria y la secundaria. Ustedes también tienen un legajo.

-¿Ah, sí?- pregunté.

-Por supuesto Tom. Ahora sigamos con el relato; como les decía, los dos adolescentes estaban ahora husmeando el legajo de Joaquín ¿y saben con que se encontraron? con que el chico nunca se fue de Paraná, como lo hizo Nando, si no que lo transfirieron a un colegio muy apartado de la ciudad.

-¿Y como es que nunca lo vimos? Hace tres años que lo cambiaron de escuela, ¡No puede ser!- protestó Benjamín.

-Si, me temo que sí; pero ¿no dice nada de que porque lo transfirieron?

-La misma razón que encontramos en el legajo de Nando, motivos laborales del padre. Aquí esta anotado su dirección y teléfono.

-Lo llamaremos, pero espera al ver el de Serafín- pasaron a la otra carpeta, y al verla inmediatamente Benjamín estalló de la ira.

-¡DICE LO MISMO!- y el gritó asustó a la chica, que hizo tirar todo el tereré sobre la cama de Benjamín- ¡no puede ser! Serafín sigue yendo a Comercio nro 1; te lo aseguro, ¡no estoy loco! Aquí dice que transfirieron el 14 de julio de 1957, un día después que el de Nando, a una escuela llamada Colegio Nacional “Domingo Faustino Sarmiento” ¡Y no dice nada de que se mudó a otra ciudad! ¿Qué demonios?

-Tranquilo, no te desesperes; no nos sirve de mucho estar nerviosos ¿sabes? Creo en lo que me dices. Ahora tenemos- y miró fijo al chico-que llamar a alguno de los tres.

- Nando, según dice aquí, esta en Concepción del Uruguay y no nos serviría de mucho hablar con él; Joaquín y Serafín siguen en la ciudad. ¿A cual llamamos primero?

-¡A Joaquín por supuesto!-gritó la chica.

-apacigua tus hormonas Cindy, que no me agrada para nada.- y le frunció el seño.

-¡ESTA BIEN! Vallamos al living.

-¿Para?

-Es ahí donde esta tu teléfono ¿no?

-¡Ah cierto!, dale vallamos- los chicos bajaron por las escaleras con los tres legajos negros; Cindy que no se había percatado antes de la marca, le pregunta a Benjamín- ¿esa no es...?

-Si lo es. No se que significa pero me intriga demasiado…

-Ni que lo digas.

-¿Cómo es el número?

- 4-3-1-5-2-0-0 -Benjamín marcó el número, arrepentido colgó.

-¿Qué haces?

-No lo sé, no me animo Cindy.

-Deja que lo haga yo.- alzó el tubo y marcó.

- ¿Que le vas a decir?

- La verdad Benjamín; me voy a sacar todas las dudas. ¡Ay, da tono! Cállate.

-¿Hola?- preguntó una voz tranquila y risueña.

-Hola. ¿Se encuentra Joaquín?- preguntó Cindy.

-¿Quién habla?

-Una amiga. ¿Me podrías pasar con el?

-¿Amiga? Que yo sepa, amigas con esa voz no tengo- dijo Joaquín, expectante.

-Soy Cindy, amiga de Benjamín…

-¡¿benjamín?! – Se produjo una pausa; Joaquín demoró en reconocerlo-¡¿benjamín?!

-Diaz. Benjamín Diaz. Te hemos estado buscando por mucho tiempo…

-¡¿Quiénes?! ¡¿Para que me buscan?! ¡No! ¡Yo no sé nada de él! ¡No me busquen más! ¡Yo ya le aclaré las cosas a Ruiseñor. ¡Déjenme en paz!- gritó muy nervioso. En esos gritos Benjamín notó algo muy raro, tu voz sonó como de memoria; como que ya había preparado lo que tenía para decir.

-¡A que seguro que le cortó!- interrumpió un emocionado Herald.

-No sólo le cortó, sino que descolgó el teléfono para que no volvieran a llamar- dijo el abuelo Tadeo.

-¡¿Ruiseñor?! ¿¡Quien demonios es Ruiseñor!?- Benjamín estaba en llamas.

- No lo sé. Hay mucho pero MUCHO gato encerrado en esto Benjamín. Tendremos que averiguar más.

-¿Mas? ¿Y que piensas hacer? ¿Llamar a Serafín?

-¿Porqué no?- y ella levantó el tubo y prosiguió a llamarlo. Llamó unas siete veces, pero nadie atendió.

-No hay nadie, no me atienden. Tenemos sólo una opción…

-¿Cuál?

- Ir a la casa de Joaquín e interrogarlo.

- ¡Escúchame Cindy! ¡Ya lo oíste! ¡No quiere saber mas nada conmigo! ¡Cual fuese el motivo, no voy a ir hasta allá para que nos cierre la puerta en la cara!

-Esta bien, iré sola.

-¡¿Qué?! ¡¿Qué dices?! ¿Te volviste loca?

-Estoy más cuerda que nunca. No me metí en esto para dejarlo a la mitad, quiero saber la verdad y no voy a parar hasta conocerla. No hice lo que hice en tu colegio en vano, ¿sabes?

- ¡Benjamín! ¡A comer!- exclamó, desde la cocina, la madre.

-Esta bien, iremos; pero te quedas a comer con nosotros, si no, no hay trato.

-De todas formas lo iba hacer.- y sonríe.

-¿Se encuentran bien?- preguntó la madre en la mesa.

-Si, si obvio. ¿Qué nos podría pasar?- respondió nervioso Benjamín.

-No lo sé, los noto raro. ¿En que andan Uds. dos?- insistió la mamá.

-En nada, es sólo que- respondió Cindy- tenemos que ir a un lugar hoy a la tarde y no sabemos como ir- Benjamín la fulminó con la mirada.

-¡Ay! ¿Es eso? Yo podría llevarlos, no tengo problema. ¿A donde tienen que ir?

- Dile Benjamín, dile a tu madre a donde queda la casa de “Laura”- la presión que Cindy estaba metiendo a la situación era insoportable para Benjamín. Tenía ganas de acuchillarla.

-Laura, si; Laura mamá, una compañera del colegio. Tenemos que hace u trabajo práctico para Ecología.

-¿Ecología? Mira que bien, y decime Cindy, ¿tu también tienes que ir?

-¿yo? Eh… sí, si por supuesto. Los voy a ayudar con la exposición y tenemos que practicar.

-¿Exposición? ¿Sobre?

-¡Ay mamá, deja de preguntar todo! ¿Nos vas a llevar o no? – rezongó Benjamín.

-Si hijo, descuida- gimió la madre.

Y así fue como llegaron a la casa de Joaquín. La vivienda se encontraba muy lejos de la de Benjamín, casi a las afueras de Paraná. La casa era enorme, tenía dos balcones y la puerta era de una temática medieval. La madre, engañada, los dejó en la esquina.

-Tú tocas primero ¿entendido?- le ordenó Benjamín.

-Esta bien, tengo bien claro quien es el hombre acá- y se miraron de reojo.

-Aquí es. Calle General Pico al 4360. Esperemos que este…

-Esperemos que nos reciba…

La chica tocó la puerta tres veces, pasaron unos diez segundos y no se oyó nada. Estaba por intentar de vuelta, hasta que el chico salió:

-¿Si?- preguntó un Joaquín irreconocible. Ya no era el jugador de básquet hermoso al que todos admiraban y envidiaban; se había puesto un poco gordo, su pelo estaba desaliñado, se había dejado la barba, cosa que el siempre odio; su ropa de entre casa ya no era la remera roja de Los Leones, si no que tenia puesta una remera negra desteñida y un short amarrillo llamativo.

-¿Joaquín?- preguntó Cindy- ¿Eres tú Joaquín Asturias?

- Así dicen los que me conocen- dijo un incrédulo chico, el que parecía no haber notado en un principio, la presencia de su antiguo amigo. Pero no tardó en reconocerlo, la cosa fue inmediata. Paralizado completamente, la cara se le puso blanca y sus ojos empezaron a perderse…

-¿Joaquín? ¿Estas bien?- le preguntó Benjamín.

-¿TÚ?- titubeando- ¿Estas...?- y se desplomó por el suelo.

-¡¿JOAQUÍN?!- gritó Cindy y Benjamín al mismo tiempo. Estos, paralizados por el asombro y el miedo, se quedaron mirándolo mientras la madre iba en su ayuda.

-¡HIJO! ¡¿Qué te han hecho?!- Joaquín, desmayado en el suelo, parecía muerto. La madre lo alzó como pudo, Benjamín la quiso ayudar pero esta se negó rotundamente.

-¡Señora Asturias! ¡Soy yo!

-¡No lo toques Jovencito! Hace casi tres años que no le agarran estos ataques, y vienen ustedes y hacen desastres con la salud de mi hijo ¡¿Quiénes son?! ¡Váyanse! ¡Váyanse o llamo a la policía!- dijo sollozando.

-¡Soy yo! ¡Señora! ¡Soy…!– Benjamín no alcanzó a decir su nombre que la puerta se cerró con un golpe tan estremecedor, que Cindy del susto, largó un pequeño quejido.

-¡¿Qué demonios pasó?! ¿Quién era ese Joaquín?- El chico estaba todavía mirando la puerta.

-Descuida, ya veremos una forma de hablar con el.

-¡El nunca se desmayó! ¡No puede ser él! ¡Siempre gozaba de una salud privilegiada!

-Escúchame Benjamín, el tuvo ese ataque porque te reconoció. ¿No viste como se puso la cara al verte?

-Lo sé. Pero, ¿Por qué se desmayó? Es como si hubiera visto un muerto.

- No lo sé. Ahora que me doy cuenta, esto será más difícil de lo que pensé.

-¡¿Qué?! ¡¿Qué piensas hacer?! Yo vuelvo a casa, no se tú…

-¡Benjamín! Date cuenta que estamos a kilómetros de tu casa y de la mía, ¿como supones volver? ¿Así, nada más?

-No lo sé ¿sabes? Pero no pretendo quedarme toda la maldita tarde esperando que alguien de esta casa me abra la puerta- el chico, perdiendo su juicio, pateó una maceta de la ventana de la casa.

-¡Cálmate! ¡Por favor te lo pido! Yo también estoy de los pelos, pero no nos sirve de nada perdernos en la bronca y la ira. Tenemos que pensar en algo y rápido; de lo contrario, los vecinos pensaran que queremos robar la casa.

Los chicos decidieron irse hasta la esquina de la cuadra para debatir en lo que iban hacer. Cindy tuvo que luchar demasiado contra la moral de Benjamín para que éste acepte treparse por el balcón y aparecérsele de la nada a Joaquín.

-¡Estas loca! ¿Cómo se ocurren esas ideas?

-¿Tienes algo mejor en mente?

-No, ¡pero tu idea es una completa locura! ¿Y si nos pillan?

-¿Qué mas da? El tiempo que tarde la madre en llamar a la policía, tú le explicaras que eres Benjamín Diaz, el ex amigo de su hijo, y que quieres saber que ha pasado con él. ¿Entendido?

- Entiendo. ¿Y como pretendes que trepemos hasta el balcón?

-Muy simple, saltando. Vamos para que te lo demuestre…

-Esta bien…- la chica ya estaba empezando a volverse, pero Joaquín la detiene- Espera…- la toma del brazo- ¿Por qué haces esto? Es como sí tú también fueras parte de esto.

-Lo soy ¿o no?

-Si, pero…

-Pero nada- lo interrumpe- vamos que se va hacer de noche y nosotros dos vamos a estar discutiendo todavía.

-Como digas- Benjamín sonríe.

-¿Y se treparon?- preguntó Simón.

-¡Oh si! no había nada que hacer cuando Cindy se empecinaba en ocupar el papel de aventurera.

-La admiro, yo nunca podría ser como ella- le confesé al abuelo.

-Nunca digas nunca Tom, quien sabe si pierdes a Simón y Herald por una razón inexplicable y te conviertes en un valiente aventurero.

-já, já, já- reí- como digas abuelo. Ahora sigue, quiero saber el final de esta historia.

-¿final? Oh, me temo que un final de “este cuento se acabó” no vas a encontrar en este relato, es un ida y vueltas Tom. Falta mucho para que se sepa la verdad niños.

Como les iba contando, los dos adolescentes volvieron a la casa de los Asturias con el objetivo de meterse por el Balcón y hablar de una ves por todas con Joaquín. No iba ser tarea sencilla, pero desde luego, cuando se cuenta con un espíritu como el de Cindy, todo se puede.

-¿Cómo dijiste que era la forma? ¿Saltando?- preguntó un desconcertado Benjamín. El balcón, que daba a la vereda, estaba cercado por una baranda de madera en forma de cruz. Sin duda, Cindy estaba en lo cierto, pegando un gran salto, el chico llegaría, con un esfuerzo no tan grande, a cruzar la baranda y meterse en el 2do piso de la casa.

-¿Estas listo?- preguntó la chica- yo te sostendré desde abajo y haré palanca para arriba. Será más fácil…

-¿Cómo subirás tu?- preguntó preocupado.

- Ya veré alguna forma de entrar, despreocúpate.

Al cabo de unos minutos, sin pensarla demasiado, Benjamín pegó un salto enorme, y gracias a este, logro sujetarse de la última baranda de madera que protegía al balcón.

-Sujétate fuerte – le dijo Cindy, casi en susurros. La chica le alzó con las manos la cola para que éste pueda posar en el piso del balcón el primer pie.

-¡Bien! Ahora el pie izquierdo- su voz disminuía, la chica tenía miedo de que la encontrasen los vecinos. Imagínense niños, el escándalo que se derramaría en segundos por el barrio: ¡ladrones en la casa de los Asturias! Gritarían los que estén rondando la cuadra.

-ya está, ahora tú- con grana agilidad, el pequeño Benjamín…

-¿pequeño?- interrumpió Herald.

-Era para haber si estaban atentos niños. El grandote Benjamín, con mucha destreza logró cruzar las barandas y llegar hasta el balcón; ahora se encontraba oculto, atrás de una gran maceta, esperando por Cindy.

-Cindy, te toca- le insistió el chico.

-Me temo que tendrás que ir sin mí. Los vecinos ya están alertados de mi presencia, si te fijas, tengo unos seis ojos atrás mío. Perdóname, pero tendré que dejarte solo en esta- y la chica, sin ninguna explicación más, corrió para la esquina en donde habían estado anteriormente.

-¡Con un demonio!- y el chico, insultando a su desafortunada compañera, vio como ella tenía razón, no sólo había seis ojos, sino que ahora ya eran veinte y se multiplicaban- tranquilo Benjamín, tu puedes.

Sigilosamente, se asomó por la puerta; ésta era corrediza y de vidrio. No había nadie allí dentro, no se oían voces y la casa parecía desierta. El chico, temeroso pero pensando en su amiga, se animó a entrar; desplazó la puerta y se adentró en cuestión de milésimas de segundos, escondiéndose atrás de un sillón antiquísimo. El mueble estaba muy bien cuidado, el piso era de un alfombrado de color marrón opaco. La habitación parecía ser un escritorio, o posiblemente, una sala de estudio. Había una biblioteca a la derecha del sillón en donde se ocultaba Benjamín y bien en frente de la ésta, mirando la espalda del chico, había una mesa con muchos papeles, una lámpara encendida y un ventilador de pie también funcionando.

-Que raro, no hace calor- dijo el chico para sí. Seguramente Joaquín abría estado sentado antes de la visita inesperada. El chico, entendiendo en que el tiempo era oro el polvo, salió de su escondite y se arremetió contra el primer indicio de luz que mostró la habitación. No se equivocó, la luz provenía de un gran ventanal, que se encontraba enfrente del sillón. Al salir de la sala de estudio pudo ver claramente la escalera (que estaba debajo del ventanal) que lo conducía hacia el primer piso; en donde se hallaba Joaquín. El chico estaba nervioso y con mucho miedo, sentía algo parecido a lo de esta mañana en el despacho del director.

-¡Ay hijo, que bueno que estés bien!- al escuchar la voz de la señora Asturias, Benjamín se apresuró a esconderse detrás de las barandas de la escalera, desde ahí no lo podía ver nadie pero sí podía escucharlo todo:

-¡No puede ser mamá! ¡No puede ser! ¡Pégame! ¡Seguramente esto debe ser una pesadilla!- gritaba Joaquín.

-Cálmate hijo, pero ¿que fue lo que viste? ¿Quiénes eran esos chicos?- la madre estaba a punto del llanto.

-¡ERA BENJAMIN MAMA!- gimió en llantos el chico- ¡BENJAMIN DIAZ! ¡NO ESTA MUERTO! ¡LO VI! ¡YO LO VI!

-¡¿Qué?!- gritó la madre; y ese grito fue el que camufló la exclamación de horror del pobre Benjamín que no entendía nada. El chico, que había pegado un grito semejante al de una sirena de bombero, fue rápidamente a su anterior escondite, el sillón.

-¿muerto? ¿Cómo puede ser abuelo?- pregunté.

-Ya lo verás Tom; no es nada sencillo llegar hasta ese tramo de la historia - me respondió el abuelo. El chico -siguió - por lógica, estaba horrorizado. Ahora lo sabía, Benjamín sabía la verdad, conocía el motivo: Joaquín creyó que su amigo, Benjamín Díaz, estaba muerto. ¿Cómo pudo pasar semejante cosa? ¿Cómo el pudo creer semejante disparate? ¿De donde sacó él, Joaquín Asturias, que su amigo había fallecido? ¿Nando y Serafín pensaran lo mismo?- se preguntó.

No le cerraban para nada las cosas, un nuevo misterio comenzaba a cobrar vida en la mente de Benjamín. Hubiera podido salir del sillón y aparecerse como un fantasma en el living de los Asturias, y contarle todo, contarle que el no estaba muerto y preguntarle millones de cosas, centenares de dudas que se le confundían en la cabeza; pero no, era demasiado cobarde.

Además, a todo esto, algo sucedía afuera. Una sirena de ambulancia – que al principio se escuchaba a lo lejos- se hacía cada vez más fuerte; el vehículo se acercaba a la casa de los Asturias. No tenía mucho tiempo, y él lo sabía. Pensó que sería muy tonto hacer un escándalo en el living; a Joaquín le hubiera agarrado otro ataque.

-¡Ahí llegó la ambulancia hijo! No te muevas, los voy a ir a recibir- exclamó la madre. Benjamín, con la seguridad plena de que su amigo se quedaría unos momentos solo, pensó en aparecédsele; era mucho el tiempo en que ellos no habían, ni siquiera, hablado una palabra. Estaba entre la fuga y la búsqueda de su amiga o, si la adrenalina lo apoyaba, en su aparición y el posible escándalo entre médicos y la madre con sus alaridos; entre Benjamín con la verdad y Joaquín con el engaño. Pero alguien se le adelantó, una voz muy familiar para los oídos de Benjamín estaba sonando en el medio del living. Cindy se había aparecido en ese momento, y estaba platicando con Joaquín, un Joaquín que cada vez entendía menos el asunto.

Queriendo escuchar, Benjamín brincó por encima del sillón y llego hasta la baranda de la escalera:

-¡¿Quién eres?!- preguntó asustadísimo Joaquín- ¡¿Qué haces en medio de mi casa?! ¿Pretendes robar? No te lo voy a permitir…

-Como ya te dije hoy en el teléfono, soy amiga de Benjamín. Creo… creo que el se merece una explicación…- y se miraron un momento- no tengo tiempo para explicaciones, los vecinos me han visto entrar; y la policía no tardará en llegar. Toma- y le extiende la mano con un papel- tú sabrás que hacer con esto… Adiós- Joaquín toma el papel, lo observa detenidamente y luego vuelve a mirarla con una emoción desmesurada. Sin embargo, alguien interrumpió el momento:

-¡¿Quién es esa jovencita?!- gimió la madre, que veía con dos paramédicos a sus costados-¡¿Quién eres?! Respóndeme- exigió de vuelta. Su ímpetu era inamovible, parecía una muralla.

-Ella… ella es una amiga, vino a ver como estaba- excusó sorpresivamente Joaquín. Cindy no mostró ningún signo de sorpresa por lo que acababa de decir el chico, si no todo lo contrario, estaba tranquila y parecía que no estaba actuando.

-¡¿Y como entraste jovencita?!- gimió la madre, furiosa- no te vi entrar por la puerta de entrada.

- Eh… yo entré…- Cindy estaba en aprietos, Benjamín tenía que hacer algo y rápido para salvarla de ese infierno. Y para colmo, para que sea el día con más adrenalina que vivió Benjamín en sus diecisiete años, la policía acaba de llegar al recinto.

-¡Que más da! – se dijo para sí, y bajó las escaleras sin pensar en nada; no quería pensar en nada más; la cobardía la había dejado de lado. Un impulso de valentía y coraje envolvió la mente de Benjamín. Estaba dispuesto a rescatar a su amiga. Al bajar las escaleras, todos giraron la cabeza hacia él. Hubo un gran sobresalto en el living: la madre, los dos paramédicos y Joaquín pegaron un grito de susto que se escuchó por todo el barrio. En una actitud de lo más escalofriante, Cindy se sonrío al verlo, y saltó en sus brazos. Benjamín, sin entender nada, sorprendido y con mucho miedo, sujetó a su amiga y subió de vuelta las escaleras. Ya en el escritorio, se empezaron a escuchar los gritos aturdidores de la madre:

-¡LADRONES! ¡LADRONES EN MI CASA! – gritaba la mujer; los paramédicos, que recién caían de lo que para ellos era un circo, fueron en busca de los dos adolescentes. El chico, que llevaba a Cindy en brazos, notó que alguien los seguía; asustadísimo, no tuvo más remedio que saltar por el balcón. El gran salto que pegó fue un gran espectáculo para toda la vecindad, que se encontraba fuera de sus casas, alarmados por la ambulancia y los dos patrulleros de la policía que se estaban en la puerta de la casa de los Asturias.

-¡¿Salto desde dos pisos?!- preguntó a gritos Herald.

-Así dice la historia. La caída fue muy dura- siguió el abuelo- el chico soportó en una acrobacia increíble, todo el peso de la chica en sus brazos; en ningún momento la soltó. Al llegar al suelo, los dos chicos se desparramaron y el estruendo fue inevitable. Increíblemente, Benjamín se levantó en el acto, estaba motivado por una fuerza que el desconocía hasta entonces: la valentía. Agarró a Cindy, y salieron corriendo del lugar, como alejándose de un gran huracán.

-¡Ahí se escapan!- gritó una vecina. Pero Benjamín en ese momento no sentía miedo, su mente no funcionaba, no tenia ojos para ver lo que pasaba y no tenía oídos para escuchar lo que le gritaban, sólo se aferró a su corazón que le latía mas y mas fuerte cada segundo y que era su única fuente; esa que le brindó todo el coraje que necesitó para rescatar por segunda vez en el día a su mejor amiga.

Cindy, que iba más adelantada que Benjamín, dobló por la calle que quedaba a mano izquierda. Benjamín la siguió, sin saber a donde se dirigía. Casi gimiendo le preguntó:

-¿Hacia donde vamos?

- Espera aquí. Sólo un momento…

-¿Qué? ¿Estás loca? Hay policías persiguiéndonos… no tenemos tiempo de parar.

-¡shh!- lo calló poniéndole el dedo en su boca- ya verás, espera sólo un momento… ¡Mira! ¡Ahí viene! – un auto descapotado color rosa se estaba acercando a toda velocidad. Una chica de pelo castaño oscuro con lentes de sol puestos y una sonrisa muy parecida a la de Cindy estaba conduciendo el coche.

-¡Luz! ¡Sabía que vendrías!- exclamó de jubilo Cindy.

-Entren al auto antes de que los atrapen- dijo seriamente la chica. Los dos le hicieron caso, Benjamín que estaba totalmente desconcertado y conmocionado por lo que sucedía, no tuvo más opción que meterse en la parte trasera del coche, ya que si no, la policía no tardaría en llegar. En segundos, el coche desapareció del barrio.

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