¡A Buscar A Mamá!
-Si, “Ruiseñor”. Tú me lo nombraste cuando Cindy te llamó por teléfono.
-No sé de que me hablas Benjamín.
-¡¿Qué?! ¿Cómo que no sabes de que hablo? ¿Me quieres volver loco acaso?
-No, es en serio. No se quien es Ruiseñor y que yo recuerde tu amiga nunca llamó.
-¡Pues claro que llamó! ¿Sufres pérdida de memoria o te gusta verme enloquecer?
-¡Escúchame Benjamín!...
-¡NO!-interrumpió la chica- escúchame tú Joaquín. Estoy segurísima de haber llamado a tu casa y la voz que me atendió era la tuya, de eso estoy segura.
-¡Es que no sé de que me hablan! ¡Les juro que no lo sé! ¿Por qué mentiría? ¿Qué ganaría acaso?
-¡Era tu voz Joaquín!- intervino a gritos Benjamín- Además, ¿porqué inventaríamos tal cosa?
Joaquín no respondió. Cindy lo miraba con desprecio. En la cabeza del protagonista no se terminaban de formular preguntas sin respuestas y las dudas parecían cada vez más turbia; ninguna parecía esclarecerse.
-¡Que misterio tan empantanado!- exclamó Heráld.
-Ni que lo digas hermano. No se me ocurre ningún indicio de cómo puede llegar a terminar esta historia.
-¡Já, já, já! ¡Bravo niños! ¡Eso es lo que me gusta! Se han comprometido con el relato… felicitaciones.
-¡Pero abuelo! Esto cada vez más se enrolla más.
-¡Oh! Ya lo verán jovencitos… no todo se da como parece. La espera en el misterio tiene que ser sigilosa ¡Si no uno tiende a desesperarse! ¡Especulen niños! ¡Formen su propio final! ¡Ninguna de sus conjeturas quedara afuera de esta historia! ¡Que se haga presente la magia de la razón!
-¿Puede ser que la madre tenga algo que ver con todo esto?- pregunté.
-Quizás Tom, puede que sí y puede que no. Pero déjame decirte algo: no te dejes llevar por lo que te cuento, la verdad esta más allá de una simple resolución de dudas. Que tu anticipo se concrete no quiere decir que esa sea la verdad en cuestión.
-Me mareas abuelo.
-No digo que no. Vallamos a la historia que esto recién acaba de comenzar:
-Esta bien, esta bien- intervino Cindy- lo mejor será que a esta charla la dejemos para otro día- dijo Benjamín.
-Si, lo mejor va hacer que lo dejemos para otro encuentro -interrumpió Nando- ¡Mírate un poco! ¡Pareces salido de algún manicomio! ¡Tranquilízate hermano!
-Si, Nando esta en lo cierto- dijo Serafín, quien ya hacía rato había dejado de llorar. Ahora se encontraba parado junto a Joaquín. Los dos, junto con Nando, miraban a un Benjamín perdido.
-De acuerdo- habló para todos el chico- si no hay mas remedio. Pero que la próxima sea cuanto antes ¿puede ser?
-Despreocúpate, no hay problema en eso- dijo Nando. Cindy, perpleja por la situación, solo atinó a sujetar la mano de su amigo y lo sacó del vagón.
Luego de despedirse. Los dos chicos emprendieron la vuelta a la casa de los Díaz. Ninguno dijo una palabra. Benjamín estaba demasiado agotado para debatir con su amiga el reciente encuentro.
Al llegar a la entrada, Cindy se despidió con un abrazó muy fuerte, y dijo:
-Ahora sólo queda hablar con tu mamá, ella creo yo, tiene la verdad en sus manos. Cualquier cosa ya sabes, estoy en frente-. Benjamín sólo asintió con la cabeza y entró.
La casa estaba vacía, no se escuchaban ruidos; parecía deshabitada. El chico llamó varias veces a la madre, pero no tuvo éxito –algo anda mal- pensó.
Ya en la cocina, se encontró con un papel. Estaba dejado sobre la mesa. El mensaje decía:
Hijo, me hubiera gustado despedirme de ti pero no te encontré por ninguna parte. A tu padre se le a adelantó el viaje por cuestiones de trabajo y no tuvimos otra opción que viajar esta noche. Le insistí que esperara un día más pero fue imposible, sabes como es tu padre de atolondrado. En la puerta de la heladera te dejo todos los quehaceres de la casa que tienes que hacer por día y en el cajón de mi mesita de luz tienes dinero para lo que necesites. Vamos a estar tres días en Villa Carlos Paz y uno en La Falda. Cuando lleguemos te llamo así agendas el número del hotel.
Beso.
Te amo. Mamá.
-¡¿Qué?! ¡¿Lo dejó así nada más?!- interrumpió Simón a gritos.
-Si, así es… - dijo el abuelo.
-¡Pero que mamá de lo mas extraña!- agregó Herald.
-Ni que lo digas hermano- lo apoyé. Miré al abuelo y dije- ¡Cuéntanos! ¡Cuéntanos como sigue la historia!
-Bueno niños, como supondrán, el chico estaba totalmente sorprendido por la extraña actitud de la madre; además tenía mil preguntas para hacerle y sin previo aviso se había ido ¿o huido?... ¿Era verdad que sólo iba a pasar unos días con su ex marido en un simple viaje de placer? ¿O estaba fugándose del interrogatorio del hijo? Y si fuese así ¿Cómo habría anticipado que su hijo sospechaba de ella? Lo cierto es que al chico la desesperación lo invadía momento tras momento, su cabeza pedía un recreo; atormentado y sofocado por la situación sólo atinó a llamar a la de enfrente.
Cindy no tardó en llegar y en minutos los dos estaban, como en un principio, en el cuarto de Benjamín analizando la carta de su madre.
-¡Esto es increíble!- dijo Cindy.
-¡No! ¡Esa mujer es increíble!- corrigió Benjamín- ¡No la conozco! ¡Esa mujer no es mi madre! No logro entender nada en…
-¡Cálmate! Es cierto, nunca se comportó así pero…
-¡¿Pero que?! ¡Mira Cindy, lo único que estoy lamentando ahora es no haberle creído de entrada a Joaquín, Serafín y Nando. Todas las cosas que me dijeron de ella… ¡Esta actitud sólo confirma mi sospecha! ¡Mamá tiene que ver con todo esto! ¡Estoy seguro!
-No lo sé Benjamín, no sirve especular apresuradamente.
-¡No especulo nada! Sólo creo que lo que veo y lo que vivo; ahora la realidad me dice que unos tres chicos culparon a mi madre de muchas barbaridades y que en estos momentos esa mujer esta de viaje, fugada ¡se ha escapado!
-Esta bien ¡Esta bien! Piensa lo que quieras- suspiró la chica- ya es medianoche y le dije a mamá que esta noche te haría compañía…Ya sabes, le mentí diciéndole que sufres “el mal del solo”.
-¡¿El mal del solo?!
-¡Que te agarra miedo cuando te quedas sólo en casa! Mentí que tu mamá se fue al bingo.
-¡Ah! Pero espera ¿Acaso tu mamá no sabe que la mía esta de viaje?
-ella no me dijo nada.
-¡Ves! Ella siempre avisaba a todos los vecinos cuando viajábamos, por seguridad supongo ¡Y esta vez no! ¡Se fugó!
-¿Y porque haría algo tan estúpido?
- ¡No quería que nadie se entere! ¡No lo sé! Ya no entiendo mas nada. Vallamos a tu casa y contémosle a tu madre. Ella sabrá que hacer.
-¡¿Estas loco?! Es medianoche y mamá duerme.
-¡¿Porque siempre dejas todo para otro día?!
-¡¿Y porque siempre quieres hacer las cosas apresuradas?!
-Esta bien ¡Esta bien! Entonces dime ¿Cuál es tu idea?
-Dormir; sería bueno para los dos descansar un poco.
-¡Si! pero primero comamos algo… muero de hambre. Mamá me dejó dinero en su armario; espérame aquí.
-¡Pero Benjamín! ¡Es medianoche! ¡No hay nada abierto a estas horas!
-Tú sólo relájate. Ya regreso…
-Hablando de hambre… creo que yo también muero por algo de comer- dijo Herald.
-Ni que lo digas hermano- asintió Simón.
-¡Já, já, já! Tendremos que esperar hasta el final del relato. La abuela duerme y panecillos no sé preparar. Tom, tú encárgate de sacar algunas moras de la huerta; si quieres te acompaño.
-Despreocúpate abuelo. El hambre puede esperar. Ahora sigue, sigue contándonos sobre Benjamín y Cindy.
-Esta bien. El chico, como les decía, fue a la habitación de la madre a buscar dinero. Al abrir el cajón de la mesita de luz se encontró con varios billetes envueltos en un papel blanco. No tardó en reconocer de nuevo ese extraño material que había experimentado en la casa de Nando. ¡Y la marca estaba ahí! ¡Idéntica! ¡Las iniciales “E.R.” estaban grabadas a un costado del papel, similar a la anotación, en el lado inferior derecho del mismo.
-¡Cindy!- la llamó a la chica- ¡Cindy! ¡Ven aquí! ¡Rápido!- la joven a los sobresaltos y corridas, llegó asustada al cuarto. Preguntó:
-¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?!
-¡Mira! ¡Mira las iniciales! ¡El “E.R.”! ¡La misma firma grabada que la carta que encontré en lo de Nando. ¡Ahora estoy seguro! ¡Ella tiene algo que ver! ¡Es más que evidente! ¡Mi madre es la culpable! ¡Es la principal…!
-¡Cállate!- lo calmó- ¡Es cierto! Todas las pistas coinciden ¡Por fin algo de certeza!- la chica miró al joven, le clavó los ojos y dijo: ¡tenemos que buscarla! ¡Esto no puede esperar más!
-¡¿Qué?! ¡¿Ir hasta Córdoba?!
-¡Pues claro! Si no todo esto quedará en la nada, te lo aseguro. Presiento que esas no son unas simples vacaciones. Benjamín- la chica miró el rejuntadero de billetes- ¿Cuánto dinero tienes ahí?
-¡No lo sé! ¡Déjame contarlos!- el chico agarró el mazo y se dispuso a sumar- ¡No…! ¡No puede ser…!
-¡¿Cuánto?! ¡¿Cuánto te dejó Benjamín?!
- Novecientos pesos- dijo en un susurro.
-¡Lo ves! ¡Es demasiado dinero para sólo cuatro días! ¡Y para una sola persona! seguramente tendrá planeado irse por más tiempo.
-¿Tú dices?
-Absolutamente. No podemos permitir eso. Tenemos que actuar. Mañana mismo partimos hacía Villa Carlos Paz.
-¡¿Villa Carlos Paz?! ¡Já, já, já! ¿Y como supones que dos adolescentes vamos a…?
-¡Cállate!- lo interrumpió- no seas pesimista. Ya veré alguna forma… ahora descansemos que es muy tarde. Mañana va hacer un día muy largo.
-Como digas, pero recuerda que muero de hambre.
-Cierto, bueno; cómete una fruta. Mañana te prepararé el mejor desayuno americano que hayas probado en tu vida.
-¿Desayuno americano?
-Tú sólo acuéstate.
-Esta bien, pero ¿y tú? ¿Dónde piensas dormir?
-Aquí mismo. En la pieza de tu madre. ¿Te importa?
-No… en absoluto- dijo tartamudeando- si no queda mas nada que hacer me iré a mi cuarto. Que tengas buenas noches.
-Lo mismo para ti.
Y así la noche en la casa de los Díaz empezó a trabajar, que por cierto, esa madrugada no tuvo una labor muy eficiente. Benjamín, acostado boca arriba en la cama, no pudo pegar un ojo a todo lo que le restó la noche. Su cabeza se imaginó cosas, situaciones y hasta conversaciones; el sólo pensar que su madre podría ser la única culpable de todo su sufrimiento y la autora del aislamiento de sus amigos, le causaba horror. Comenzó a tener miedo, le asustaba la idea de enfrentarla. Tener valor no era propio de la naturaleza del chico; ni mucho menos poseía el coraje para acusarla de todo lo sospechado. ¿Qué mas pruebas faltaban? ¿Qué mas necesitaba Benjamín para que se de cuenta de que su madre fue la arpía, falsa y mala mujer todo este tiempo? El hecho lo atormentaba cada vez más. Sudaba. Las sabanas parecían convertirse en esposas y la cama en su celda. Tenía que salir de ahí.
Se levantó y se dirigió a los tumbos hacía la cocina. Estaba tan desvelado que le pareció escuchar voces. Al aproximarse, la escucha se confirmó: Cindy, prendida al teléfono, estaba hablando con que sabe quien. Se movía de un lado a otro y no dejaba una naranja en paz. El chico miró el reloj las agujas le daban la triste realidad de un insomnio de las tres de la madrugada.
-¡Cindy!- exclamó en un susurro demasiado sigiloso. La voz asustó a la chica, quien se desparramó por el suelo. La fruta se le escapó, rodó por el piso y se escondió atrás de la alacena.
-Esta bien, como tu digas. Te llamo luego. Adiós. La chica, quien se acababa de despedir del teléfono, enfrentó al joven con una cara radiante que pronosticaba buenas noticias.
-¡Benjamín! ¡Está todo arreglado! ¡Todo listo para partir! ¡Mañana a las 10 p.m. los chicos nos pasan a buscar por aquí! ¡¿No es fabuloso?!
-¡¿Qué?! ¡¿Los chicos?! ¡¿Qué chicos?!
-¡Los chicos tonto! Joaquín, Serafín y Nando! ¿Sabías que hace un año Joaquín tiene auto? ¡Con permiso y todo! ¡Nos salvó!
-Espera, espera. ¿Cómo demonios te atreves a…?
-¡Cállate! ¡Sabias que reaccionarías así! ¡Sólo déjame explicarte! Además ¿Qué otra opción tenemos?
-Tú solo cuéntame- dijo tajante.
-Bueno… ¡Es que no podía dormir! Empecé a divagar y se me ocurrieron muchas ideas, formas, de llegar hasta Córdoba. Aunque a decir verdad la mayoría eran tan fascinantes como imposibles. Era tal mi desvelada que comencé a rondar por la casa. Al ver en el escritorio los legajos de los chicos se me prendió la lamparita. ¡Tuve media hora para llamar a Joaquín! ¡No me animaba! ¡Imagínate como recibirían un llamado a las dos de la madrugada en una casa de familia! Y… luego de pensar en ti y en todo lo que estabas pasando, tuve una corazonada, se me deslumbró una sensación de esperanza, de que ellos, o alguno de ellos, podría ayudarnos.
-¡Eres complicadamente… increíble!
-Gracias. Pero lo increíble sucedió cuando me atendieron. Fue curioso ¿Sabes? Los tres sujetos estaban reunidos, también desvelados, pensando en la posibilidad de escaparse hacia algún lugar, de vacaciones, tu sabes, para recordar viejos tiempos y festejar tu vuelta al mundo… bueno, eso es lo que me dijeron.
-¿Irnos de vacaciones?
-De campamento- lo corrigió- hacia…
-San Bernardo- agregó el chico
-¡Já, já, já! Así es. Se nota que no es la primera vez que planean irse de mochileros.
-No, por supuesto que no. Dime… dime más. ¿Qué te dijeron?
-Bueno, de pregunta a pregunta me atreví a contarles todo: de tu madre, del viaje, de ti.
-Aja sigue.
-Y fue grandioso escuchar salir de la boca de Joaquín la propuesta de llevarnos ellos mismos hasta allí ¡Los cinco hasta Villa Carlos Paz! ¡Lo planeamos todo! Y por cierto, Serafín es un muy buen organizador...
-¡¿Es en serio?! ¡No! ¡Increíble!- el chico se le abalanzó a la joven y la apretujó fuertemente con un abrazo que duró varios segundos- ¡Como agradecerte todo lo que estas haciendo por mi!
-Si tú lo dices- la chica se sonrojó-… bueno ahora a dormir.
-Si podemos- el chico le frunció el seño.
-Si, tienes razón, creo que con toda esta exaltación no podríamos pegar un ojo. ¿Qué propones hacer?
-Yo escuchar música, no se tú.
-Esta bien, te acompaño.
-¿A donde?
-¡A tu cuarto! ¿Qué no querías escuchar música?
-¡Ah! si, si- el chico se sonrojó.
Y así pasaron lo que quedaba de la noche niños. Amaneció y el sol de la mañana, que provenía de la ventana, les pegó de lleno en la cara. Los dos se encontraban adormilados en la cama de Benjamín. Cindy tenía la cabeza apoyada en el pecho del chico. Al despertarse, se dio cuanta del hecho, y muy avergonzada se tiró para atrás, cayendo de espaldas al piso. Ese golpe fue lo que despertó al muchacho.
-¿Cindy?- preguntó el joven.
-¡Acá estoy!- gimió, todavía desparramada en el suelo.
-¿Y mi desayuno americano?
-¡Pues ahí lo tienes! ¡Machista y poco considerado!- protestó a los alaridos.
-¡Pero si agradecido!- dijo sonriente Benjamín. La chica lo desaprobó con la mirada.
-¡Ya se lo traeré señor! ¡Ud siga reposando en su dulce cuna! ¡Que su fiel sirviente esta a su entera disposición!
-¡Ay! ¡Cómo te adoro!
-Si, claro, claro. ¡Ah! mi señor, le notifico que hoy al mediodía almorzaremos en casa. Pues su fiel servidora tiene que rendir cuentas a su madre, sobre el viaje de esta noche.
-¡El viaje! ¡Cierto! ¡Lo había olvidado!
-Descuida, lo noté.
-¡Oh! Cindy… ¿estas segura de que dejarán ir?
-Mira Benjamín, no estoy del todo segura pero creo que lo más probable es que no me dejen.
-¡¿Qué?!
-Pero descuida, he pensado serias excusas. Todas muy convincentes. Tendré que jugar con la suerte y el destino.
-Nada fácil.
-Ni que lo digas ¡Pero a no ponerse pesimista! El día es largo ¡Y los preparativos son muchos!
-¿Preparativos?
-¿Piensas irte a Córdoba con sólo lo que tienes puesto? Hazte la idea de que vas a estar cuatro, o más días fuera de tu casa.
-Tienes razón… pero dime, dime como haces para pensar en todo y estar tan tranquila.
-¿Me ves relajada acaso?
-No pero…
-Pero nada, tú comienza a preparar la valija que yo iré al almacén a buscar tu desayuno americano.
-¡Olvida ese desayuno! ¡Fue sólo una broma!
-Lo sé… pero lo prometido es deuda.
-Como quieras.
Yo quiero un desayuno americano también- interrumpió Herald.
-Ni que lo digas hermano- agregó Simón- muero por uno.
-Al final del relato tendrán moras hasta hartarse- dijo el abuelo.
-Si, desde luego- dije.
-Muy bien Tom, ahora…
-… Seguirás con el relato- intervino Herald.
-Iba a llamar a la abuela, pero si insistes en que continúe, lo haré. La mañana pasó muy despacio en la casa de los Díaz, la valija parecía nunca llenarse y Benjamín se agotaba más y más de empacar ropa y demás.
El desayuno fue fabuloso, dejó satisfecho al joven, quien no paró de halagarla por lo bien que le había salido.
Ya en casa de Cindy, el almuerzo con la madre de la chica se tornó muy incómodo. Cindy no paró de fundamentar sus ideas, mas que nada excusas, con motivos como –“se va a sentir solo”- o- “la madre me dijo que estuviera todo el tiempo con él”-. La madre, rígida, seria e imperante, se volvió una muralla contra su hija. El viaje parecía esfumarse para Cindy y las esperanzas de Benjamín de encontrar a su madre se iban cayendo en picada.
La desesperación, la intriga y el miedo invadieron la mente del chico.
¡Imagínense niños! ¡¿Qué podría ser peor?! ¡Benjamín solo en esta nueva aventura! Cindy siempre había sido su heroína y la que en todas le había salvado las papas.; estaba horrorizado y ellos a sollozos sólo atinaban a decir:
-¡Pero…! ¡Pero si no me necesitas! ¡Estarás bien con los chicos!
-¡No digas estupideces mujer! ¡Yo sin ti no significo nada!
-¡Basta Benjamín! ¡Es inútil! Tendrás que armarte de coraje y encarar esto tú sólo.
-Si pero…
-Pero nada. Ya son las 21:45hs, los chicos no tardarán en llegar.
Y así fue niños. Un Chevy color amarillo se estacionó en la puerta de la casa de los Díaz. Joaquín iba conduciendo y tres bocinados alcanzaron para alertar al vecindario la algarabía que se mostraba en los tres jóvenes. Benjamín, sin ánimos, sólo atinó a despedirse de su amiga recordándole lo mucho que la quería y de lo mucho que la iba a extrañar. El auto arrancó y sólo quedó en la escena una adolescente que movía los brazos de un lado al otro, despidiéndose del auto que se iba.

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