Travesía En El Colegio
-¡Esto se pone fabuloso!, sigue abuelo… digo Señor Tadeo- dijo Herald.
- Si tú quieres, me puedes decir abuelo, no tengo problema en eso- dijo el sonriente viejo- como les contaba, Benjamín y Cindy se propusieron para el día siguiente, que era un cálido domingo de invierno, comenzar con la búsqueda de Nando, Joaquín, y Serafín. Acordaron reunirse temprano en la casa del chico, ya que especulaban que la búsqueda les duraría, si tenían suerte, todo el día.
-Mis ojos no se quieren abrir por completo- dijo Cindy- estoy demasiado dormida. ¡PUES CLARO! Es domingo de vacaciones…
-Tú quisiste que nos reuniéramos tan temprano; así que no tienes de que quejarte.
-Si, perdona, es que mira, son las 8:45hs. Nunca un domingo me he levantado tan temprano…
-Tenemos que pensar en algo; haber, Joaquín esta en quien sabe donde, seguramente fuera de la ciudad, como dijo Serafín. Nando no está desde hace años en su casa de Oro Verde.
-El único que nos queda es Serafín, me imagino que sabes donde queda su casa, ¿no?
-Si, pero nunca me atendieron el teléfono y cuando fui nadie me abrió la puerta.
-¡Estamos a tres años de todo eso Benjamín! seguramente ahora si atenderá, pensando que no eres tú el que esta del otro lado. Tienes el número, ¿no?
-¡Ups! Tiré todo lo que me hacía acordar a ellos, y en esas cajas, supongo, debió estar la agenda con sus números y direcciones.
-Así que estamos en la nada misma… ¡BENJAMIN!
- ¡¿Qué?! Bueno, que iba a pensar que luego de tres años a una amiga mía se le iba a ocurrir buscarlos.
- Tenemos que pensar en algo… ¡rápido!
-A mí no se me ocurre nada.
-¡ya lo sé! Busquemos en la guía, seguramente algo tenemos que encontrar- y ella le pega una cachetada a Benjamín, para que se despierte, el muy tonto se estaba durmiendo.
-¿Eh? ¿Eh? ¿Guía? , ahí la traigo.
Y la trajo, pero no tardaron mucho en darse por vencidos.
-¡Hay tres páginas con el apellido Asturias! ¿Qué demonios…?
- Lo sé, lo sé. Pero no te pongas de mal humor ¿que queda mi si no?
- Entonces piensa en algo…
-Haber, la única cosa que podría tener todos los datos que queremos son los legajos de la escuela, pero…
-¡Eres un genio Benjamín! ¡Claro! ¡La escuela! ¿Cómo no pensamos en eso antes?
-Por el simple hecho de que se tiene que descartar ahora mismo, Cindy, la escuela esta cerrada, estamos en vacaciones de julio, ¿te olvidaste?
-¡ME IMPORTA UN COMINO! Alguien debe estar ahí para recibirnos, alguna ordenanza supongo.
- Cindy, supongámosle que alguien nos atiende de lo mas bien en la escuela, ¡¿Qué le vamos a decir a la pobre señora?! No podemos decirle lo de los legajos, porque no nos los daría, además ella seguramente no tiene la llave que abre esos enormes armarios…
- Escúchame Benjamín, puede ser que tengas toda la razón en lo que acabas de deducir…
¿Pero que mas da?, ¿perdemos algo en ir a la escuela y probar toda la suerte que tenemos?
-Perdemos tiempo… eso perdemos.
-¿Se te ocurre una mejor idea?
-No, pero… ¡Ay! Es una locura…
- Es la mejor parte…
-¡Pero no se porque tu y tu adrenalina de aventurera me contagiaron! ¡Vallamos antes de que me arrepienta!
-¿Y fueron?- le pregunté al abuelo Tadeo.
-No sólo fueron Tom, sino que se metieron en un gran lío. Al llegar al colegio, que quedaba a sólo siete cuadras de la casa de Benjamín, empezaron a planear como iban hacer para entrar y encontrar el armario indicado. El colegio era inmenso, con aulas que todavía ni el mismo Benjamín, que hacía seis años que cursaba allí, conocía. Consistía en tres pisos de gran envergadura con paredes de un enladrillado perfecto, un poco opacas eso sí. Los grandes ventanales de cada aula daban la sensación de estar en un hospital. Estaba totalmente cerrado, parecía muerto. El edificio, con su polideportivo, ocupaba toda la manzana. A toda la escuela la rodeaba un gran enrejado de color verde, alto y con punta en las extremidades, parecía la cárcel. Al llegar a la puerta de entrada, divisaron una ordenanza barriendo de mala gana el patio interno.
-¿Tu conoces la dirección?, ¿sabes donde esta el armario en donde guardan todos los legajos?- le preguntó a Cindy en susurros.
-¡No! ¿Qué me preguntas a mí? ¡Si tú eres el que viene a esta escuela, no yo! Además, primero tenemos que saber como demonios vamos hacer para entrar…
-Esta bien, no te alteres, y habla mas bajo que nos pueden oír.
- ¡¿Qué hacemos Benjamín?! La ordenanza esta ahí en la puerta, y por lo que veo no se va quitar de ese lugar en mucho tiempo…
-Ni que lo digas, parece que se divierte barriendo. Es una muralla Cindy… - dijo resignado.
-Escúchame- y la chica le gira la cabeza para que este lo mire- tenemos que distraerla con algo; te puedo asegurar de que esa vieja también esta a cargo de la seguridad… y no le gustará ver a dos chicos humeando en el colegio.
-¿Y como vamos hacerlo?-dijo un desorbitado Benjamín.
- Seguramente le pegaron con algún palo y luego la embolsaron - interrumpió Herald.
- ¡No, eso no serviría! Para mí que la ataron en una silla y la interrogaron- Dijo Simón.
- ¿Cómo lo hicieron abuelo?, cuéntanos… - dije
- Cindy, además de muy astuta, era ingeniosa y no le temía a nada…- volvió al relato el abuelo Tadeo- juntó valor y se animó a protagonizar un circo de muecas…
-Escúchame Benjamín, yo voy hacer lo mejor que pueda para distraer a la ordenanza, tú cuando ésta ni bien se mueva de la puerta, corres y ¡te metes como sea en el colegio!, ¿entendido?
-Benjamín no tenía ni idea de lo que su amiga iba hacer para distraer a la ordenanza, pero confió ciegamente en ella; no era la primera vez que hacía locuras para ayudarlo. La chica se despidió del chico, y sin más excusas se dirigió hacia el campo polideportivo. Éste quedaba enfrente del edificio, a la vista de todo aquel que estuviese fuera y dentro de la escuela La ordenanza no duró mucho en darse cuenta de que no estaba sola…
-Señorita… ¿necesita algo?- preguntó la señora. Cindy no le respondió; la chica estaba caminando, de espaldas hacia la ordenanza. Benjamín estaba totalmente sorprendido y desconcertado al mismo tiempo, sentía admiración y miedo por su amiga.
-¿Señorita?, ¿Qué hace?, ¿es usted del colegio?... ¡¿señorita?!- Cindy siguió sin decir una palabra. Ella, como si nada, siguió caminando y cuando llegó al centro del playón, se dio vuelta, la miró fijo a la ordenanza y comenzó el show…- el abuelo rió.
-¿El show? ¡¿Qué hizo Cindy?! ¡Abuelo!- Tadeo no podía parar de reírse. Tuvimos que esperar unos segundos para que se recompusiera… - perdonen chicos, es que cada ves que llego a esta parte me da mucha gracia- con mucho esfuerzo siguió con la historia.
-Cindy le dio a Benjamín una lección de cómo distraer a una pobre señora.
-¡No, no soy del colegio! ¿¡Quien quisiera ser de este colegio tan horrible?! ¡Las aulas apestan! ¡Los pasillos están llenos de mugre! ¡Los baños se tapan muy a menudo!...
-¿Qué? ¿Pero como se atreve jovencita? ¿Quién le da permiso para que insulte de esa manera mi trabajo?...
-¡Cállese! ¡Vieja decrépita! ¡No es usted más que un títere de los directivos!... ¡Y mira! ¡Ésta barriendo en vacaciones! ¡¿Por qué no lo hace en época de clases?! ¡Cuando hay chicos!
- ¡Ya vas a ver! Niñita mal educada, atrevida… - enherbolando ira, la señora soltó la escoba, y a grandes zancadas se dirigió hacia donde estaba Cindy, furiosa, dispuesta a darle una buena zamarreada por mal educada.
- ¡Oye, Oye! Parece que la ordenanza se digno ¡A SALIR DE SU PUERTA!- gritó Cindy. Benjamín, que estaba de lo más entretenido con el circo que estaba protagonizando su amiga, se dio cuenta del mensaje.
-Es ahora o nunca… - susurró para sí.
-¡¿Qué me vas a ser, vieja estúpida?!- y Cindy le sacó la lengua. La chica bailaba, corría de un lado para otro, le sacaba la lengua; y la pobre señora la perseguía como podía, parecía que iba a estallar de lo roja que estaba.
Benjamín en cambio, aprovechó la oportunidad que se le presentó, y corrió lo más rápido que pudo hacia el interior del colegio. Pudo meterse, y aun más, hasta pudo escabullirse en el baño de varones, que quedaba a sólo dos pasillos de la rectoría.
-Esa chica es increíble- dijo benjamín, entrecortadamente. Estaba agitado por haber corrido tan rápido- ¿Cómo voy hacer para meterme en la rectoría?, seguramente debe estar cerrada- pensó Benjamín,- tengo que lograrlo, si no sería en vano todo lo que Cindy esta haciendo ahí afuera.
Sin perder más tiempo, empezó a recorrer sigilosamente el primer pasillo. Éste estaba desierto, sólo se escuchaban los pájaros que yacían posados en el enrejado del colegio. Todo estaba frío y muy limpio.
-La ordenanza no esta sola- intuyó Benjamín- una sola persona no puede limpiar semejante edificio- Y estaba en lo cierto; al doblar hacia la derecha, ya en el segundo pasillo, escuchó voces provenientes de la cocina.
-Si, ni que lo digas hermano, estoy cansado de cortar el césped con la pala y la tijera, mejor me compro esa nueva maquina que salió… ¿como era que se llamaba?- dijo una voz muy ronca.
-El celador de 1er año- dijo en susurros Benjamín.
-Cortadora de césped Luis, es la mejor inversión hoy en día- se escuchó otra voz aun más ronca. Pero no fue la única, sino que además se escuchaban ruidos de vasos, copas, tenedores…
-¡Con un demonio! ¿Están todos los celadores ahí dentro?- se preguntó para si mismo. El chico se asomó para ver quien más podría interrumpir su misión, y se llevó una gran sorpresa: todos los directivos, junto con los celadores, profesores y/ que algún otro secretario/a se encontraban preparando lo que supuso Benjamín, un almuerzo. Pero no un almuerzo cualquiera; todos se encontraban muy bien vestidos y las copas no eran descartables si no de vidrio macizo.
-¿Cómo demonios se supone que voy atravesar todo este tumulto?- el chico se agarró la cabeza. Estaba a punto de rendirse e irse corriendo hacia fuera, para rescatar a su amiga de las manos de aquella ordenanza; pero algo aun peor estaban viendo sus ojos:
-¡Suélteme! ¡Vieja fea! ¡No es nadie para que me agarre así!- la señora se dirigía hacia el comedor, donde estaban todos los demás reunidos, llevando con ella a Cindy, a quien tenia agarrada del brazo de una manera que parecía estarle aplicando una técnica de alguna arte marcial.
-¡Ya vas a ver jovencita!, ¡llamaré a la policía y le contaré todo lo que me has insultado!, y también a tus padres… ¡si es que los tienes!- dijo la ordenanza, con un aire de triunfo. Benjamín notó la cara de su amiga, estaba aterrada por lo que podría llegar a pasarle si llamaban a sus padres y le contaban que había estado hurgando y haciendo disturbios en la Escuela de Comercio. El chico, que se encontraba oculto atrás de una meseta, se agarró la cabeza.
-Pobre Benjamín- interrumpí.
-Si Tom, de veras que el lío era muy grande para que sólo lo pese un chico de dieciséis años- dijo el abuelo Tadeo- El chico estaba aterrado, pero no sólo por el, sino por su amiga, que había sido descubierta. Sin embargo, como yo siempre digo, todo aquel niño que tenga buenas intenciones, en su travesía de travesuras, siempre tendrá un ángel a su lado. Y él lo tenía ¿saben?; como caído del cielo, un milagro se hizo realidad: el director del colegio recién llegaba al establecimiento, y con mucha suerte, en ves de dirigirse al comedor, donde se encontraba todo el despiole, éste se desvió y marchó con paso firme hacia la rectoría. Pasó muy cerca de la meseta en donde se escondía Benjamín, hizo oído sordo a todo el griterío que provenía de la cocina…
-Hay esta gente, no tiene paz hoy en día- dijo un director, que parecía ser el héroe de Benjamín.
-Esta es mi oportunidad- susurró el chico. Siguió con mucha cautela todos los pasos del director, tuvo que gatear para que no notaran su presencia en el comedor. Al pasar por allí, vio como la estaban interrogando a su pobre amiga, que estaba sentada arriba de una mesa, con cerca de cuarenta ojos acribillándola:
-¡¿Qué es lo que te crees jovencita?!- dijo la ordenanza, quien se sentía mucho más poderosa, ahora que tenía a sus colegas a su lado- ¿Quién eres?, ¿Qué pretendías hacer en el playón? ¿Fastidiarme toda la mañana?- Benjamín, que se había quedado helado al ver a su amiga en aprietos, no tuvo otra opción que seguir adelante y perseguir al director, ya que sabía que si trataba de rescatar a Cindy, ésta se molestaría muchísimo por no haber cumplido la misión.
-Perdóname Cindy- susurró. El chico, que había perdido ya al director, se apresuró para alcanzarlo. Al llegar a la puerta de la rectoría, se dio cuenta de que la puerta estaba semiabierta; no titubeó ni un segundo en si entraba o no, no había tiempo. Al hacerlo, se escondió rápidamente abajo del escritorio de la secretaría. El lugar estaba repleto de libros, papeles, había unos cuantos mapas al costado y se hallaban las banderas de ceremonia. No se oía nada en absoluto, salvo por los pasos del director, que por lo que demostraba su andar, estaba impaciente, como tratando de encontrar algo.
-¡Qué mas da! se habrá perdido… a ver si Rosa sabe algo al respecto- pensó en voz alta el director. Ahora se lo podía ver, estaba justo enfrente de Benjamín, parado, mirando desorbitado el suelo. El chico esta congelado del miedo -le sudaban las manos y su corazón parecía que iba a estallar- nunca pensó vivir este tipo de situaciones, menos en vacaciones. Luego de pensarla unos segundos, el sujeto se va; dejándole servidamente toda la rectoría al joven.
-¡Gracias a todos los santos!-gimió el chico. Se apresuró a revolver todo lo que tenía a su alcance: cajones, carpetas, cuadernos, loa libros de la biblioteca, el escritorio, pero no tuvo suerte.
-¿Dónde podrían guardan los legajos estos sujetos?- se preguntó. Sin obtener resultados en la secretaría, se fue al despacho del director: una habitación enorme que relucía madera por donde la miraras. Ésta también estaba abarrotada de papeles y libros, pero, curiosamente, el despacho estaba ordenado de una forma muy particular: la silla en ves de mirar hacia la puerta, estaba enfocada hacía el playón.
-Ahora entiendo como nos atrapa cuando hacemos algo malo en el patio, ¡maldito! –protestó Benjamín. El chico empezó a revolver todo el escritorio, pero no encontró nada en absoluto, se volteó para desarmar todo el armario, y tampoco.
-¡Con un demonio ¿en donde estarán estos malditos legajos?- y al terminar la frase, sus ojos respondieron a su pregunta: la pared del despacho, sin haberlo notado antes, tenía tres cerraduras incrustadas en una pared. Benjamín revolvió, de nuevo, el cajón del escritorio del director y encontró la llave.
-¡Excelente!- exclamó de júbilo, y sin demorarse más, intentó abrir alguna de las tres cajas, encubiertas por la pintura…
-¿Cómo encubiertas?-preguntó Simón.
-Claro tonto, que estaban camufladas, la pintura no las dejaba hacerse notar a simple vista-dijo Herald.
-Excelente aclaración, niño- lo felicitó el abuelo- como les decía niños, el chico probó con las tres cerraduras y ¿saben que? en sólo una tuvo suerte.
Lo extraño de aquella situación no era únicamente lo de las tres cerraduras, si no que al abrir el cajón -en el que la llave tuvo éxito- montones de papeles se le cayeron encima. Lo voltearon al suelo con una fuerza desmesurada.
-¡Puff! ¡¿Qué demonios?!- y no alcanzó a largar un insulto por el aire que vio la marca: E.R. incrustada en todas las carpetas, el sello era igual al de la carta de Nando. Era de un color rojo brillante; que por cierto, todos esos papeles, no eran simples hojas: ¡SI NO ERAN LOS LEGAJOS DE LOS ALUMNOS!
-¡Grandioso!-exclamó Benjamín. El chico buscó desesperadamente los de Serafín, Nando y Joaquín, y con toda la suerte del mundo o por orden divina de algún ángel que lo protegía y ayudaba en todo momento, no tardó en encontrarlos entre toda la lápida de carpetas. Estaban las tres juntas y eran las únicas tres carpetas de color negro entre todas las otras de color verde. Las agarró y se las guardó en su espalda, las ocultó con su remera y las sujetó con su pantalón. La consiga ahora era: ¡Salvar a Cindy y escapar!
Corrió, sin importale ya nada, ocultó su cara con un trapo que encontró en el pasillo y se dispuso rescatar a Cindy como pudiera y salir lo más antes posible del colegio. Imagínense chicos, si lo descubrían en su propia escuela, lo echarían sin dudarlo. El chico, con una adrenalina que recorría todo su cuerpo, entró en el comedor. Al verlo, todos los presentes y hasta la misma Cindy, gritaron del susto:
-¡Un ladrón! ¡Un ladrón! –gritó la ordenanza que había capturado a Cindy.
-¡Un intruso en el colegio! ¡Atrápenlo!- exclamó a gritos el celador de 1er año. Benjamín, que se asustó también por los gritos de aquellas personas, alzó a Cindy por encima de su hombro y salió como un remolino de la habitación. Atrás, lo perseguían el director y tres sujetos más, pero el chico estaba decidido a salir ileso de esa situación, sacó fuerzas de donde no tenía, corrió aun más rápido y no tardo en llegar a la puerta de entrada de la escuela. La abrió de una patada, pegó un salto y siguió corriendo.
-Soy yo, descuida- le dijo a Cindy, que estaba todavía aturdida por todos los gritos de la ordenanza y los celadores- pronto estaremos en casa.
-Estoy bien tonto- y lo abraza más fuerte.
Ya fuera del colegio, lejos de aquella manzana y a tan sólo dos cuadras de su casa, Benjamín paró de correr. Jadeando le preguntó:
-¿Estas bien?
-Eso te lo tendría que preguntar yo a ti, tonto. Fuiste muy valiente…
-Tú también, admiro tu forma de distraer a la gente mayor. Eres toda una artista, já, já, já.
- Eres muy gracioso, y todavía no me has mostrado los legajos.
-¿Eh? ¡Ah! si acá están.
-¡NO! ¡No lo saques acá! Mejor esperemos hasta llegar a tu cuarto.
-¡Ay! ¡Quien las entiende!; esta bien. Quiero tomar un tereré, pero esta ves de naranja…

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