El Dibujante Popular
-¡¿Cindy dijiste?- le preguntó a gritos.
-¡Si, Cindy!
-Ahí bajo mamá- con un humor de perros, bajó por los escalones. Al llegar al living empezó a jugar con un bolígrafo -que estaba en el escritorio- y levantó el tubo:
-¿Cyn?- sorprendentemente el mal humor no se traslució en su voz. Al contrario, ésta sonó (hasta diría yo) un poco simpática.
-¡Benjamín amor!, ¿Qué haces?- Cindy siempre estaba de buen humor, no era extraño que irradie su energía hasta por el teléfono.
-¿Qué que hago?, nada, simplemente estoy por dormir. No tuve una muy buena mañana que digamos… ¿sabes?
- ¿He? no entiendo, si estabas re bien en la plaza; ¡ha! y por cierto ¿qué tal el ejercicio físico?- y se ríe.
-No te burles estúpida, tengo más estado que tú, ¡y sí! – Elevó la voz- ¡ESTABA bien! pero ahora no me siento bien.
-¡Porque?! ¿Qué te pasa?- lo interrogó a gritos.
- Después te cuento… no estoy de ánimos ahora- le dijo murmurando.
-Nos vemos… - Cindy, para sorpresa de Benjamín, colgó el teléfono.
-¡¿Qué?! ¿Cindy? ¿hola?, ¿estas?- no respondió nadie.
Y al cabo de unos minutos, Cindy apareció en la puerta de la casa de Benjamín, con su sonrisa inconfundible.
- No quisiera tener una amiga como esas- dijo Simón.
- Ni que lo digas hermano- lo apoyó Herald.
-Já, já, já- El abuelo rió- lamento informarles chicos, que a Cindy la nombraré mucho en el relato.
-Adelante señorita- el abuelo Tadeo siguió con el relato- pasa, pasa. ¡Ah!, por cierto, que malos modales tienes cuando hablas por teléfono.
-cállate y cuéntame- le dijo muy alegremente la chica. El abrazo que nos dieron fue tan fuerte que perdieron la estabilidad y se cayeron al suelo. Por vergüenza, ninguno de los dos tardó en levantarse. Al verla un poco más de lejos, notó que estaba vestida de entre-casa; llevaba un pantalón de algodón negro y unas zapatillas color naranja. Arriba tenia puesta una remera amarilla con pequeños garabatos en blanco. El color de su pelo –castaño claro- le sentaba muy bien con sus ojos, que eran de un color miel soleada.
-¿Qué haces? – le preguntó a Benjamín. – Deja de mirarme, ¡todos los días repites el mismo ritual!- y me le dio una palmada en el cachete- dale, vallamos a tu habitación para que me cuentes.
-¿Contarte que?- Benjamín, con todo el circo que armó su amiga, había olvidado el episodio del portarretrato.
-¡Hay benjamín! , de que porque estas mal… dale cuéntamelo.
-Hay- largó un gran quejido- esta bien. Pero quédate en mi cuarto, no circundes por la casa porque a mi mamá no le gusta. ¿Esta claro?
-a la perfección- y le frunce el seño- ¿todas las veces que venga me vas a dar la misma indicación de cómo manejarme en la casa de los Díaz?
- Siempre- y los dos rieron. El chico se alejó para la cocina. El sol se hacia cada ves mas grande y más pesado en la siesta del barrio. Las ventanas de la cocina le daban la sensación de estar observando un paisaje de verano. Los pocos que rondaban por las veredas, ya habían sacado a relucir sus prendas de enero.
Estaban en julio, y en ves de preparar chocolate caliente, Benjamín hizo un fresco tereré de limón.
Luego de unos minutos, el chico se fue al encuentro con Cindy. Al abrir la puerta de su habitación, ella- con un tono sarcástico- le dice:
-¿Qué no sabes tocar la puerta antes de entrar?, ¿y donde está mi tereré de limón Benjamín?
-¿Perdón?, no sabía que los huéspedes tenían la costumbre darles ordenes ¡al dueño de la casa!–
-Vos y tu filosofía de buenos modales; me tienes harta- y le besa el cachete. No aguantando más la parodia sostenida, se arrojan a la cama, destartalados de risa.
Con mucha suerte, la bandeja de galletas (de chips de chocolate), el termo y el vaso con hielo sobrevivieron milagrosamente a la caída.
Sin demorarse más, se pusieron en campaña para crear, entre los dos, un clima de relax. Cerraron las cortinas, pusieron música de fondo y se sentaron en el piso, de chinito (con los pies mirándose y las piernas en forma de cruz).
Benjamín agarró el portarretrato que estaba en la funda de la almohada de la cama. Lo sostuvo fuertemente – como con miedo a que se caiga- y lo miró
-Antes de empezar a contarte, quiero mostrarte algo- y le acercó la foto.
-¿Quienes son?- le pregunto la chica.
-Si la mirarías mejor, te darías cuenta de los personajes que encierra ese portarretrato.
-¿Qué encierra que? , haber… - miró muy detenidamente las cuatro caras, pero no dijo nada.
-Fíjate bien- le dijo sonriendo. Era increíble que no lo reconociera. Pero no la culpó. Era tal el grado de su cambio físico que hasta su padre le hubiera resultado difícil reconocerlo.
-Espera un segundo…- alzó la vista y lo miro fijo. Ella volvió hacia la foto, y finalmente lo dijo -ese…-señalándolo al chico- ¿eres tú?
-Así es. Aunque no lo creas.
-¡Increíble! se ve que la pubertad dio resultado.
-Ni que lo digas- y sonrió.
-Háblame de ti. ¿En que andas?, ¿que te anda pasando?- lo interrogó la chica.
-Como te decía- suspiró- no ando de lo mejor, ¿sabes? Éste día me trajo muchos recuerdos a los que yo hace tiempo quiero sepultar. No me hacen bien…
-¿Qué recuerdos?
- El recuerdo de haber vivido una amistad – y le señalo los cuatro chicos de la foto- y que ésta halla terminado mal; muy mal- Al ver que ella no entendía lo que le trataba de explicar Benjamín, este le contó el sueño
-Ayer tuve un sueño muy extraño, ¿sabes? Me acuerdo que estoy parado al costado de la cama y que mágicamente aparece ese portarretrato- y lo señala- lo observo unos segundos y después la imagen se desvanece y el sueño termina.
-Haber si logro entender, Benjamín. Tú me dices que no querías volver a saber nada sobre estos chicos, es decir, tus ex amigos, y que un sueño por la noche te los hizo recordar…
-Así es.
- ¿y de donde sacaste este portarretrato?
-Mamá lo encontró aquí, en mi habitación, mientras limpiaba.
- y tú, Benjamín, ¿no sabias donde se encontraba exactamente?
- ¡NO! Pensé que lo había tirado junto con todas las otras cosas que me los hacía recordar.
- ¿y no piensas nada de todo esto?
-¿pensar?, si, estaba por tirarlo, hasta que tu llegaste y me pediste explicaciones de mi estado de ánimo.
- ¡HAY! Pero que tonto eres. ¿Nunca pensaste en la posibilidad de que signifique un presagio?
- ¿Un que?
-Presagio. Un indicio o señal de un suceso futuro.
- ¡já, já! tú y tu diccionario mental.
- Esta bien, no digo más nada- y le frunce el seño.
- Espera, ¿a que te refieres?, ¿dices que los volveré a cruzar?
- No lo sé, de verás que no lo sé. Pero, ahora cuéntame, ¿Por qué te peleaste con tus amigos?, ¿qué fue lo que pasó Benjamín?
-¿Me crees si te digo que ni yo lo sé?, fue todo muy raro; de la noche a la mañana los chicos no me hablaron más. Seguramente habrá sido algún rumor que se difamó por la escuela… tu sabes, de que yo hablaba mal de ellos y cosas así.
-¿y lo hacías?
- ¡Claro que no!, ¿Qué dices?, eran mis mejores amigos, a los únicos que quería como tales.
- Entonces, ¿porque alguien pondría a rondar un “rumor” de que tú hablaste mal de ellos?, si no es así.
- Podría ser por envidia, no lo sé.
- ¿envidia? ¿Y porque tendrían envidia de ti?
- No de mí, sino de ellos. Éran los más populares de la escuela, ¿sabes? Cada uno en su mundo, cada uno inmerso en su pasión, pero cuando nos juntábamos después de clase; por así decirlo, eran los reyes de la escuela. Todos miraban admirados…
- ¿Admiración? ¡Que estupidez! Haber cuéntame, ¿porque tendrían admiración de ellos?
- Nando- y lo señala en la foto- era un experto en materia de chicas, podía tener la que quisiera; Joaquín era un excelente deportista, sin duda, uno de los mejores de la escuela y Serafín tocaba la guitarra como los dioses. ¿Ves?, cada uno con su cosa, uno con la música, otro con el deporte y el otro era el casanova de las mujeres; ¿qué más quieres?
- Supongamos que eran lo que tú dices ¿por qué te harían daño? si a lo que envidiaban eran a ellos.
- ¡Porque yo pertenecía a ese grupo selecto! fui el primer integrante de la clase de dibujo en hacerse popular – ¡Y valga de que manera!, dijo el abuelo- de la escuela de Comercio. Los de mi aula me idolatraban; pero no eran todos y posiblemente, entre los que me guardaban envidia, estaría el culpable.
- ¡Ah!, comprendo. Ahora bien, si fuiste el primer dibujante famoso de la escuela de Comercio, ¿Cómo lo lograste?
- Ellos fueron los que me unieron al grupo. Un día, en la cafetería de la escuela, me tropecé. ¡Y ese tropiezo lo definió todo!, se me cayó el cuaderno que contenía todos los dibujos que había hecho en el ultimo mes. Uno de estos le llego al pie de Serafín, este lo alzó y gritó- ¡Excelente! ¡Miren chicos!- y se los mostró a Nando y a Joaquín. Estos también quedaron maravillados, y ¡yo no entendía nada! estaba boquiabierto debajo de una de las mesas, mirándolos como se saboreaban mi creación. Nando comenzó a preguntar de quien era el dibujo, y todos me señalaron. No tuve mas remedio que levantarme y hacerme responsable del papel. Ellos me convencieron de que ese dibujo tenia que ser el nuevo logo de “Los Leones”. Me propusieron que hiciera uno a color y lo presentara la próxima semana en rectoría…
-¡Espera!, ¿dijiste Los Leones? ¡¿Los Leones de Comercio?!
- Si, eso mismo. Como te decía, el rector quedó maravillado y no dudó en adoptar esa nueva imagen para el equipo de baloncesto.
- ¡¿Los Leones de Comercio?! – La chica parecía desorbitada- ¡¿el equipo de baloncesto?!
-¿Qué no escuchas lo que te digo?
- ¿Tu hiciste ese logo?, ¿tu?- y lo miró como a un Dios.
-¡Si! ¡Yo!, nunca te lo dije porque nunca me lo preguntaste, y jamás pensé que te gustaba el baloncesto, ni mucho menos “Los Leones” de mi escuela.
- ¿Qué dices?, no, no me gusta para nada el baloncesto; ¡pero si Joaquín Asturias!, ¡el es tan lindo! y ¡juega tan bien!
- ves lo que te digo- y le frunció el seño- hasta tú lo conoces.
- Pero como no lo voy a conocer, si hasta tengo todos los recortes del diario pegados en mi habitación…- y Benjamín la mira extrañado, diciendo para sí: “nunca vi esos recortes”-… ¡bueno los tenía!- responde la chica- , pero eso no importa. Sigue, sígueme contando sobre Joaquín… digo, sobre tú y tus amigos.
-Como te decía, el rector quedo encantado con la nueva imagen de “Los Leones de Comercio” y me propuso confeccionar también las camisetas del equipo, pero me negué rotundamente, yo soy dibujante, no diseñador. Sin embargo…
-Como digas, Benjamín.
-…con los chicos me hice amigos, porque me insistieron tanto pero tanto de que confeccionara las camisetas, que termine ayudando al equipo entero una noche en la casa de Joaquin. Tuvimos hasta las tres de la madrugada eligiendo modelos, colores y telas. Después, hicimos una parrillada ahí mismo, y la amistad se apareció sola; sin que nadie la llamara. Les caí a todos muy bien, me aceptaron dentro del equipo, como lo hicieron con Nando y Serafín; que sin bien no jugaban al baloncesto, estaban siempre con el equipo- todo gracias a la insistencia del joven Joaquín, agregó el abuelo-.
Lo acompañábamos en sus viajes y lo alentábamos cuando jugaban de local. La amistad creció y nos volvimos inseparables. ¿Entiendes ahora, de que porque cierta gente les tenía envidia?
-Si entiendo, pero esa envidia también te corresponde Benjamín, quieras o no quieras. Imagínate, eras parte del equipo de baloncesto ¡Y SIN JUGAR!, tenías un grupo de amigos con mucha popularidad, ¡Y DICES QUE ENVIDIA NO TE TENIAN!
-Esta bien, esta bien. Como digas. . .
- ¿Pero como es que se terminó todo?, ¿dices que un rumor los acabó por desunir?; sinceramente no creo que halla sido por eso.
- ¡Ni yo!, pero bueno, no tiene caso seguir preguntándose cosas que no tienen respuestas.
-¿Nunca fuiste a hablar con ellos?, ¿Cómo te diste cuenta de que ellos estaban enfadados contigo?
- fue todo muy confuso, yo había estado enfermo por varias semanas, y era una enfermedad muy contagiosa, ¿sabes? Y mi mamá por precaución, les había dicho que no podía salir ni que ellos vengan a visitarme por temor al contagio. ¿Entiendes?, cuando me rehabilité lo primero que hice fue ir al colegio. Pero no vi a nadie salvo a Serafín. Que me dijo muy nervioso, como con miedo de verme:
- ¡Benjamín! ¿Qué haces aquí? , ¿No tendrías que estar en cama?
-No, ya me he curado. ¿Cómo has estado? ¿Y los demás?
- Joaquin se ha mudado, no nos dijo donde. De un día para el otro, desapareció. Con Nando lo hemos tratado de localizar pero es inútil.
-¿Qué? ¿Que se mudo? ¿A dónde?
- no lo sabemos. Fue luego de la fiesta de Jacob…
- se llama como mi abuelo- dijo Herald.
-¡shh! cállate Herald- lo retó Simón.
-Si, así es, como tu abuelo. A la fiesta de Jacob concurrieron todos de la escuela; Benjamín no pudo ir porque ya saben, estaba enfermo.
- ¿Y no lo has podido localizar de alguna forma? ¿Y en el trabajo del padre? ¿En la escuela, averiguaste?- dijo Benjamín, atónito por la noticia.
-¡NADA! –Le gritó- ¡no me han querido decir nada! Y ahora por favor vete, no te quiero volver a ver. No me busques, y es en serio.- y se fue corriendo.
-¿Qué demonios? ¡SERAFÍN! ¡Espera!- y el corrió en busca del rubio. Pero fue inútil, se le perdió de vista.- y corrí y corrí ¿sabes?, pero nunca lo encontré, fui a su casa, pero no me atendió nadie. Pregunté por Joaquin en la escuela, pero tampoco me quisieron decir, llamé de vuelta a Serafín por teléfono, pero nadie levantó el tubo; lo busque en la escuela, pero nunca lo encontré. Es como que si se los hubiera tragado la tierra.
-¿No preguntaste a algún miembro del equipo?, ¿y los profesores que te decían?
-todos algo distinto Cindy, fue horrible. Además, era noviembre, y sin darme cuenta las clases habían terminado, y la escuela había cerrado. Fue todo tan extraño.
- ¿Y Nando?, era el único que te quedaba ¿que hiciste con él?
- Lo mismo que hice con los otros dos. Pero con este ocurrió algo muy extraño. Al llamarlo por teléfono, siempre me daba ocupado. Termine por hartarme, y tuve que ir hasta su casa, que quedaba lejísimos de la mía en aquel entonces. Luego de estar toda una mañana haciendo dedo para que algún bondadoso me acercara…
- ¿y tu mamá no te quiso llevar?
-¿Mamá? ¡No sabía nada! le metí la excusa de que tenía que experimentar con ciertas plantas en el parque y en el rosedal, y que ello me iba a llevar todo el día… proyecto escolar, ¿sabes?
-El rosedal es un famoso lugar de Paraná, que los adolescentes lo utilizan como rejuntadero – explicó el abuelo Tadeo- se encuentra por encima de las barrancas. El parque, en cambio, queda por debajo de las barrancas y tiene vista al río Paraná. Desemboca en la llamada “costanera”, un sitio turístico por excelencia.
- Al llegar a la casa de Nando -que si les explico la travesía que tuvo que atravesar Benjamín para llegar, no terminaríamos esta noche-explicó el abuelo- la puerta de entrada estaba abierta, ésta rechinaba, supongo que a causa del viento. No había nadie en el vecindario, nadie a quien preguntarle, nadie que sepa el paradero de su amigo.
-¿Nadie?- preguntó Cindy.
-Nadie, la casa estaba a las afueras de la ciudad, cerca de Oro Verde.- dijo Benjamín.
-entiendo, una ves anduve por esos rumbos, y no se ve mucha gente que digamos.
- Ni que lo digas Cindy. Al ver la puerta entreabierta, me animé a entrar, y al instante vi el teléfono descolgado.
-Eso explica de que porque te daba ocupado, Benjamín.
-Si, pero no sólo encontré eso, sino un papel de lo más raro.
- ¿Un papel? ¿Y que puede tener de raro un papel?
- No el papel, sino lo que decía:
“Esos malditos enanos púrpura han hecho cualquier cosa en este caso. Este error no se puede reparar. El sistema es incorregible. La falla tendrá que vivir con ellos.”
E.R.A.D.
-¿Qué?, no entendí nada. ¿Enanos púrpura? ¿Error incorregible? ¿Que demonios…?
- ¡No lo sé! ¡Entiendo menos que tú! Y lo más curioso de todo, es que a ese papel lo guardé en mi bolsillo para luego mostrárselo a mamá. Y cuando lo busqué no estaba, había desaparecido.
-¡Que locura válgame Dios! Acá hay mucho pero MUCHO gato encerrado. Tus amigos que se desaparecen sin dar motivo alguno, esa carta que es in entendible y que luego desaparece… ¿no me estarás verseando, no? ¿Benjamín?
-¡Desde luego que no! ¡Que dices!
-¿Y tu mamá que opina de todo esto?
- Mamá me quiere ayudar a encontrarlos, pero yo me opongo, y como me tiene demasiado respeto, no lo hace sin mi consentimiento.
- Estoy de acuerdo con ella, y no le tengo respeto a tu decisión ¿sabes? Si no quieres, yo lo haré sin ti, con la ayuda de tu mamá. Ya me has metido en este misterio, y quiero resolverlo.
-¡Yo también estoy de acuerdo!- dijo Simón, y Herald lo asistió con la cabeza.
-¡shhh! ¡Cállense los dos!-dije malhumorado.
-Tranquilo Tom… están adentrándose en la aventura, déjalos disfrutar- dijo Tadeo, riéndose.
-¿Qué? ¿Tú? ¿Y como pretendes encontrarlos? – preguntó un sorprendido Benjamín.
-No lo sé. Pero que no te quepa la menor duda de que por lo menos lo voy a intentar. ¿Enanos púrpura? ¡Que locura!
- Estas desvariando… no sabes ni por donde empezar.
- Puede ser, pero por lo menos tengo voluntad, ¡vamos Benjamín! ¡Eran tus amigos! ¡Tenes que saber por lo menos que pasó con ellos!
-¡Hay! ¡Hay! Esta bien. Pero sólo porque tú me convenciste, y si todo sale mal, tendrás que regalarme tu colección de muñecas FANN, sabes que me encantaría dibujarlas.
-De acuerdo, ahora dame un tereré, que te lo estas tomando todo tú solo.

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