jueves, 6 de marzo de 2008

Benjamín Díaz Y El Misterio De Los Enanos (capítulo 1)

La Pijamada

Invierno de 1994. El pueblo de Don Benito De La Fuente, se encontraba pintado de un blanco brillante. La nieve cubría toda la arboleda que rodeaba los alrededores del pueblo.

El abuelo Tadeo estaba sirviéndose un café, y desde la ventana de la cocina, anticipó, para la noche, una tormenta de nieve que se avecinaba por Este.

-Tendríamos que avisarle al vecino Jacob, para que resguarde a sus nietos –le dijo a Ada, la abuela.- Sería muy imprudente que esos niños estén revoloteando hasta altas horas de la noche, teniendo en cuenta la tormenta que se viene.

-Tienes razón, pero creo que el viejo Jacob tiene la misma astucia que tú a la hora de aplicar esa sabiduría campesina. Pero si insistes, mandaré al pequeño Tom para asegurarnos.

-Me daría una gran tranquilidad, gracias.

Y así, fue como caí a la casa de en frente, quince minutos mas tarde de haber recibido el pedido de la abuela.

-¿No podemos romper los vidrios de la vieja iglesia? ¡Vamos Tom! Es la última ventana que nos queda- insistió Simón.

-No, mi abuela ha sido explícita: “Esta noche nada de rondar por el pueblo”.

-¡Ufa!- protestó su hermano Herald- ¿Y que hacemos entonces?

-Ya estuve pensando en eso. ¿Qué les parece si hacemos una pijamada en casa? – mirando fijo a los dos hermanos.

-¿Pijamada? ¿Qué es eso?- preguntó un sorprendido Herald.

-Esas son cosas de niñas, Tom- dijo Simón, burlándose.

-¡No, no lo son! Una pijamada consiste en quedarnos toda la noche despiertos.

-¿Y que se supone que hagamos TODA la noche?- por lo visto, Herald, nunca había escuchado la palabra “pijamada” o algo semejante.

-Comer, mirar películas, contar cuentos de terror… muchas cosas. ¿Qué dicen?

-Esta bien- respondieron los dos al unísono; un poco resignados, al no ver otra opción en el menú de actividades para la noche.

Ya en casa de los abuelos, la hora del almuerzo había llegado. Estábamos todos sentados en el gran comedor:

- Esta bien, Tom, pero trata de no hacer mucho ruido; el abuelo anda medio jodido de salud, y quiere estar tranquilo- indicó la abuela, lo más parecido a un sargento.

-¡Hay Ada! No agrandes las cosas. Estoy muy bien y me atrevo a decirte que me vas a ver esta caripela un par de años más- entre riéndose- Ningún problema nieto, puedes hacer lo que quieras esta noche; eso sí, siempre acatándose a las reglas…

-Si abuelo, descuida.

- Y ya sabes, si me necesitas, sólo silba, y vendré como un pajarito a salvarte la velada.

- Te tendré en cuenta abuelo, lo sabes.

La tarde fue eterna. Las horas se hicieron interminables. No podía salir ni siquiera a la cuadra a causa de la nieve -que caiga más y más-. Entonces, intenté divertirme con algo de la casa. Paseando por las habitaciones, encontré una que estaba cerrada. No había forma de abrirla a la fuerza. Llamé al abuelo a gritos:

-¡Abuelo, abuelo Tadeo!

-¿Sí Tom? – el viejo estaba asomándose por las escaleras.

¡Hay! ¡Se me olvido contarles! , la casa tiene tres pisos: en el primero se encuentra la cocina, el comedor y el living. El segundo se divide por todas las habitaciones, que son seis, la de los abuelos, la mía; y -las cuatro restantes- de huéspedes.

-Abuelo, esta puerta esta atorada. Ayúdame a abrirla.

- Nieto – de lo más tranquilo se lo veía- esa puerta esta cerrada a propósito. No es que halla un dragón escondido ahí adentro o algo por el estilo; sino que en esta habitación se guardan todas las cosas que ya no usamos con tu abuela. Cosas antiguas, ¿sabes?

- ¡Ah! fascinante - alcé la vista hacia los ojos del abuelo, que por cierto es muy alto- ¿no las puedo ver?

- No es que no puedas, poder puedes, el problema es que no sé donde dejé la llave que abre esta puerta; y ahora que lo pienso, esta habitación no se debe visitar en años. No me asombraría si encontrara plantas adornando el tocadiscos o termitas devorándose algunos muebles antiquísimos.

-¡Ufa!- y el abuelo me despeino suavemente el cabello- quiero saber que hay dentro. Si te pido que la busquemos juntos, ¿lo harías… por mí?

-¡ja, ja!, pero por supuesto Tom. Pero hoy no podemos; tu abuela esta rabiosa por lo de tu pijamada, ¿sabes?, anda maldiciendo a todo el pueblo porque no encuentra el colchón de tu tía abuela. Y no le agradaría nada si nos ve hurgando toda la casa en busca de una llave. ¡Imagínate! Le daríamos vuelta todos los ambientes.

-Esta bien, entiendo abuelo- largándole una pequeña sonrisa de aprobación.

Luego de recoger unos tres canastos de moras del huerto de la abuela, la noche se hizo presente en Don Benito De La Fuente.

La cena por suerte, no duró mucho. Pero eso sí, tuve que soportar las repetidas indicaciones de mi abuela de “¡CUIDA LA CASA TOM!” o de “¡NO HAGAS MUCHO RUIDO TOM!”…algo densa, ¿no?

Cerca de las diez de la noche Simón y Herald tocaron la puerta de entrada. Ansiosos por empezar la pijamada, los tres subimos a mi habitación. Todo parecía marchar excelente hasta que apareció el aburrimiento; y no hubo forma de pelearlo. La película de terror que había traído Simón era demasiado mala, así que la tuvimos que dejar por la mitad para que no nos durmiéramos; no teníamos hambre y al ajedrez ya habíamos jugado tres veces… ¡¿Y saben que?! ¡Sólo era medianoche!

-Piensa en algo Tom, esto de la pijamada fue tu idea.- me presionó Herald.

-¿No se te ocurre nada?, porque a mí sí.- y le clavé una mirada curiosa a Simón- Podríamos terminar de romper todas las ventanas de la vieja iglesia, digo, antes de mirarnos las caras.

- Eres muy gracioso Simón- y le fruncí el seño- haber, déjenme pensar en algo que tres niños de once años pueden hacer- y luego de unos instantes, sin quererlo, la idea de llamar a mi abuelo salió sorpresivamente- Espérenme un segundo, voy por algo que seguramente nos va ayudar a pasar la noche despiertos-

-Espero que no este dormido- me dije al salir del cuarto. Lo busqué primero en su cuarto, pero sólo encontré a la abuela acostada y soñando quien sabe qué. Bajé a la cocina y tampoco había rastros de él - ¿Dónde se habrá metido este viejo?- me pregunté.

Y enseguida lo vi. Sólo tuve que asomar la cabeza por el living para que él me reciba con un

– ¡Hola Tom! ¿Cómo va la pijamada?

-No del todo bien, ¿sabes? Nos aburrimos, ese es el problema. ¿Tú nos podrías ayudar a matar el tiempo?

- ¡A matar el tiempo jamás! Sólo los ayudaré a vivir ese tiempo.

- Como digas abuelo. ¿Pero es en serio? , ¿Cómo nos vas ayudar?

- Les voy a brindar un show; “El show de una buena anécdota”. Dime, ¿cuántas veces en tu vida te han contado una buena historia?, porque, sabes Tom, por muy buena que sea la historia, hay que saber contarla, no es tarea sencilla.

- ¡Grandioso abuelo! Bueno, vamos a mi habitación así nos las cuentas.

- ¡Ah no! no puedo subir las escaleras a medianoche Tom; estoy muy viejo para esos trotes; más si he tomado una botellita de whisky escocés del año 1821.

-Esta bien, espérame aquí. Vuelvo enseguida con mis otros dos secuaces.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

SIIII, pensé que no ibas a subir más la novela, en el flog la dejaste de escribir i dije ' mjm, i ahora me voi a tener que quedar con la intriga kl ' jajaja.
Ya te dije que me gustaba como escribias, i la novela en sí, ademas... esta mi apellido en el primer capìtulo " Don Benito de la Fuente" ;) jaja boe que se yo, ya te dije lo qe pensaba de esto la primera vez que hablé con vos. Te felicito (:. Un beso Grande.

ғio. dijo...

bdlo soi fiorella..te acordas iba a 9no con vos. PLÑ jeje buaa nada..vivan los bloggs. ;)
bsoo.